La conversión es un proceso continuo, no es de un momento, sino de toda la vida, de cada día. Si el mal está ahí siempre en cada momento esperando nuestras flaquezas, porque no tendría que ser igual el proceso de crecimiento en el amor de Dios.
Ciertamente hay un momento más fuerte en nuestra vida en que nuestro corazón se encuentra con el Señor, pero no para todos es algo tan brusco y fuerte como con le paso a San Pablo por ejemplo o incluso en cada Cursillo podemos tener ejemplos de esto, pero en mi caso ha sido día a día… momento a momento, Cristo ha estado en mi vida invadiéndola desde siempre, a cada momento, de hecho me gano la vida hablando de El a los Jóvenes de distintos colegios, intentando hacer cotidiano a Jesús para que ellos se animen a mirar al Cielo, tarea verdaderamente titánica.
De todas maneras, aunque no recuerde un momento fuerte de primera conversión, en este caminar del 4to día he tenido momentos muy fuertes que han puesto a prueba mi fe y en los que el mismo Jesús se ha encargado de sostenerme y que puedo decir que se convirtieron en re-conversiones.
Hace ya 18 años por milagro del cielo me cure de un cáncer que invadía parte de mi cuerpo, y que 2 años después volvió como un huracán silencioso, pero tampoco pudo con la Gracia de Dios. Recuerdo que una de las frases que repetía a cada momento era… AYUDAME SEÑOR A SER FIEL EN LA PRUEBA Y NO DESPUÉS DE ELLA… fueron tiempos verdaderamente duros, en los que no faltaron los llantos, las tristezas y angustias, pero estaban LLENOS DEL AMOR DE DIOS, y de los hermanos de cursillo (aunque yo aún no había hecho el mío, este movimiento ha acompañado mi vida y la de mi familia).
Para sobrellevar el momento solo ofrecía cada consulta médica, estudio y análisis pidiendo por los niños por nacer, como queriendo abrazarlos a abrazar a cada madre tomando la decisión para mostrarles lo hermoso de la vida. Un año después, ya recuperando mi pelo perdido por las quimios y rayos llegó mi momento de Cursillo, hermoso cursillo 80, en el que hubo mucha conversión, pero yo sentí la caricia de Jesús, como un hermano que abraza a su hermana y ella se deja caer porque sabe que El la sostiene.
Cada momento, cada situación a enfrentar, cada resultado, cada diagnóstico, cada día triste con cara alegre, cada volver a empezar… todo todo eran como caramelos en un frasco, ofrecimiento tras ofrecimiento… yo sabía que ese frasco alguien lo iba a abrir para sacar de él, las fuerzas para enfrentar la vida.
Así fue que 15 años después de esto Juan Bautista, mi Bauti, llega a mi vida, con 1 año y 10 meses de vida, con una operación del corazón que nadie entiende como salió tan bien, con un síndrome que requería mil cuidados, especialmente en el primer tiempo de vida y una aparente soledad que lo llevo AUN SIN CONOCERME A ABRIR EL FRASCO DE MI VIDA… el saco de ahí todo lo que necesitaba para luchar por vivir desde el momento de su concepción y enfrentar verdaderas y dolorosas pruebas, pero estoy segura que acompañé a mi hijo dándole la fuerza de mis palancas… y hoy puedo decir que él es quien llena nuevamente mi frasco con alegrías, desafíos, luchas y amor.
Un niño enamorado de su amigo Jesús, el todopoderoso, el que no se sorprende ante los milagros porque … “Así lo quiso Jesús mamá”… que con apenas 6 años tuvo su encuentro con Jesús Eucaristía, que no se duerme si no reza el Rosario, y su saludo incluye la bendición en la frente. Ese si puedo decir que fue el huracán de mi vida, y lo sigue siendo a cada momento. Fue pedido a la Madre de Guadalupe y acompañado en el Santísimo aun sin conocerlo, pero al momento de llegar a mi vino con el mismo nombre que le había puesto frente a Jesús Eucaristía, cuando aún era un sueño, Bautista.
Esto es el caminar del 4to DIA, la conversión permanente, no es quedarse con un momento de encuentro y listo, es aceptar cada día lo que nos va pasando, a cada momento y cada etapa de nuestra vida, porque la conversión es renovar nuestra adhesión a Dios, es llenar nuestros frascos de ofrecimientos y palancas en los momentos de abundancia espiritual, para que todo aquel (incluso nosotros mismos) que esté pasando por un desierto pueda abrirlo y tomar de él lo que necesite para seguir caminando en busca del encuentro con el Señor.
DE COLORES
GISELA BELTRAMO ALVAREZ
Cursillo 80
