El carisma, un don del Paráclito

Después de manifestar su alegría por este encuentro, el Santo Padre inició su reflexión sobre el “carisma”, señalando que, el Magisterio nos enseña que «la Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva “con diversos dones jerárquicos y carismáticos”». En estos días – afirmó el Papa – han tenido ocasión de reflexionar y dialogar sobre la definición del propio carisma de las respectivas Sociedades de Vida Apostólica, reconociendo en él un don del Paráclito, ofrecido a la Iglesia para que reavive en ella su vida y dinamice su misión, tanto en su seno como en la sociedad.

“Este don, mientras genera vida y vitalidad en el Instituto, le confiere también una identidad específica, que cualifica y hace reconocible la presencia de ustedes en la Iglesia y en el mundo. Hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos, si queremos dialogar de manera auténtica con la sociedad sin ser absorbidos o uniformados. Para evangelizar los contextos en los que viven —fin específico de su vocación— es por tanto fundamental que definan su identidad cada vez con mayor claridad”.

“Quien recibe el carisma está llamado a mantenerlo vivo en sí mismo”

En este sentido, el Pontífice precisó que, quien “recibe el carisma está llamado a mantenerlo vivo en sí mismo, para que no se vuelva algo estático, sino que se convierta en una fuerza vital, que fluye creativa y libremente”.

“El Instituto, la Sociedad, son un cuerpo vivo donde la energía carismática atraviesa cada célula y cada miembro, de la cual a su vez son portadores y transmisores. Y esta energía debe animar la misión que llevan adelante e iluminar el camino a recorrer, para legarla después como herencia viva a las generaciones futuras, llamadas asimismo a enamorarse de ella y a convertirla en fuente de su servicio”