El monasterio de Gándara

Gándara…palabra dulce que nos trae nostalgia a todos aquellos hermanos que hicimos cursillo en ése lugar. Para aquellos que no lo conocen, está ubicado en el partido de Chascomús, distante unos 80 km. De nuestra ciudad.

El monasterio contaba con muchas comodidades, pero fundamentalmente reunía una condición esencial para hacer Cursillos o Jornadas, estaba aislado en medio del campo, en un predio rodeado de árboles y mucha vegetación. Donde reinaba un profundo silencio, alterado esporádicamente por el paso del tren o el mugido de algún vacuno. Sitio ideal para un retiro lejos del mundo cerca de Dios.

Utilizamos “La Casa de Gándara” como familiarmente la llamamos hasta el año 2004, alternando varias veces con el Seminario de Villa Elisa. Hice mi cursillo Nº42 en el año 1985, y fui convocado por el Señor para estar a su servicio, a lo largo de los años, ocupando distintas las funciones, desde las más sencillas hasta otras con mayor responsabilidad.

Muchos son los recuerdos que acuden a mi memoria, fundamentalmente haberme encontrado con Cristo y desde allí hacer un giro de 180 grados en mi vida. Hablando de recuerdos la inolvidable hermandad generada a partir de sentirnos hijos de Dios, las charlas en el patio, con su aljibe y el parral que bordeaba la galería, la Iglesia con su simpleza y majestuosidad.

Momentos felices compartidos con todos los hermanos. Tengo que hacer mención al trabajo que había que realizar previo a los eventos, sobre todo generar una logística precisa y ordenada, ya que la ruta 2 no era autovía, no había teléfono, ni celulares, internet, etc. Invariablemente se cortaba el servicio eléctrico, por lo tanto, debíamos aprovisionarnos de suficiente cantidad de velas. Los cuadrantes inicialmente se hacían con “Stencil”, palabra rara que quizá muchos ni conozcan, luego apareció la máquina de escribir y debíamos ir hasta el pueblo para hacer las fotocopias, finalmente los inconvenientes se salvaron cuando apareció la PC y su impresora, otro pequeño detalle eran las fotografías que debían estar listas para el domingo, previo revelado el sábado al medio día en La Plata. No había negocios cerca, así que aquello que “todo está previsto” se debía cumplir a raja tabla. Un punto aparte eran los arreglos florales armados con flores silvestres recogidas del campo. Hermosos recuerdos que pasan primero por haber sentido el llamado del Señor para hacer el cursillo, los vínculos indestructibles generados en el compartir con los hermanos y un cariño muy especial por esos viejos muros donde empecé a conocer el amor de Cristo a través de los hermanos.

Juan J. Di Lorenzo CC42 Gándara