Evangelio Evangelizar

El Evangelio, es un mundo divino en movimiento. Es la realización de todo el universo en Cristo, que pasa, muere y resucita en cada uno de nosotros, siempre y cada día. El Evangelio es la vida de Dios incendian do la vida humana, mezclándose con ella, con resultados imprevisibles. 

Las cosas humanas hay que comprenderlas para amarlas. Las cosas divinas hay que amarlas para comprenderlas. María la hermana de Marta, comprendía porque amaba. El hermano mayor del hijo pródigo, no comprendía porque no amaba. La lógica del Evangelio, no es una lógica humana, sino Cristo-lógica. Cristo en el Evangelio, no nos dice lo que debemos hacer, sino los que nos da el deseo, el amor de hacerlo, para que lo hagamos pronto y con alegría.

A medida que avanza, va descubriendo también nuevas perspectivas, y desde allí va dándose cuenta de que la vida tiene sentido, valor y sabor. Tiene sentido porque tenemos un qué que nos impulsa y orienta. Tiene valor, porque nada puede hallarse que tenga más valor que una persona. Tiene sabor, porque cuando la verdad y la realidad de Cristo están en el eje de la persona, la vida es bonita, la gente es impor -tante y vale la pena vivir. 

Es preciso por lo tanto, comprender y asimilar que el Evangelio no es la simple opción por la virtud, sino la precisa virtud de la opción. Es intentar con honradez ejercer siempre la virtud de optar por Cristo y por el hombre. 

Lo que más me gusta del Evangelio, es corroborar que Cristo era una persona profundamente humana, que tenía necesidades y se cansaba. Ha tenido hambre y ha comido, sed y ha bebido. Ha conocido la soledad en el desierto y la presión de las multitudes que iban hacia Él. Lo que más me gusta también es que nunca pasa de moda.

El cursillo, a través de los tres días de duración, trata de descubrir y comprobar que existe un grupo de cristianos amigos, que intentan estar enraizados en el Evangelio, en espíritu y verdad. Procuran primero, hacerlo vida en su vida misma, y desde el lugar que ocupan en el mundo, procuran integrar lo cristiano con naturalidad en su normalidad, de tal manera que les resulte gratifican te atractivo y alegre a ellos y a los de su entorno. 

El Evangelio anima. Despierta, inquieta. Una inquietud sana, sincera, ilusionada que desinstala y nos lleva a preguntarnos a nosotros mismos: ¿que puedo hacer? ¿qué pasa en mi? Tengo que ser yo, tengo que ser más, tengo que ser mejor.

Si la inquietud evangélica se con vierte en el centro de nuestra vida, si está donde debe estar, nunca produce amargura, sino esperanza.

“Salió el sembrador…otra parte, en fin cayó en tierra buena y dio fruto: un grano dio cien, otro sesenta, otro treinta”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos, que oiga” (Mt.13,1-23) El principio fundamental es la semilla , que hace que el Evangelio sirva para todos los hombres, para todas las épocas y todas las culturas. Por más que los cristianos, en vez de llevar la semilla, hayamos preferido llevar “el arbolito” ya germina do en nuestra maceta preferida y por eso no prende y queda siempre raquítico.

La Evangelización ha de ser nueva en su ardor, métodos y expansión. Evangelizar ha de ser notificar a los hombres y mujeres de la potencia del Evangelio. Quien lo cree y vive, va descubriendo en cada situación una exigencia latente del Evangelio, que él debe iluminar, esclarecer, concientizar con su actitud humana por cristiana y cristiana por humana. El Evangelio es la buena nueva de que Dios por Cristo, ama personal mente a cada uno de nosotros en particular. 

Por fidelidad al Evangelio, el cursi llista debe permanecer abierto a las realidades y atento a las personas.

Lo que debemos evangelizar es la vida cotidiana de cada día y de cada momento de siempre, es decir, lo natural, lo normal, lo humano que nos sucede y nos va sucediendo. Hablar de Dios, supone una fe intelectual. Hablar con Dios ya significa una relación de amistad. Dejar hablar a Dios, no como eco de nosotros mismos, sino como la aceptación de Su Evangelio, esto implica una actitud de fe.

Hay dos etapas en el camino de la fe: Conversión (kerigma) y conocimiento (catequesis). La fe de con versión contiene todo lo esencial de la fe misma. La catequesis no es un perfeccionamiento de la fe, sino simplemente su explicación. El centurión del Evangelio tiene una fe total: “No he hallado tanta fe en Israel”, dice de él Jesús. El buen ladrón en la cruz tiene idéntica fe: ”Acuérdate Señor de mi cuando estés en tu reino”. Ambos poseen lo fundamental de la fe, que es la apertura a Dios.

El joven rico del Evangelio, al contrario, poseyendo como poseía, unos conocimientos catequéticos enormes, no tuvo conversión de fe, le faltó apertura y entrega. En la parábola del hijo pródigo, generalmente se identifica a los creyentes con alguno de los dos hijos. A mi e gusta pensar que algunas veces la vida nos lleva a ocupar el lugar de padre.

Antes se nos asustaba, señalándonos lo que no podíamos hacer. Hoy en día se nos apabulla indicándonos lo que debemos hacer. Sería mejor para todos que se insistiera siempre, o se enfatizara sobre lo que deberíamos ser, que no es otra cosa que aceptarnos como somos y ponernos en la vía de nuestras posibilidades de llegar a ser más y mejor.

El Evangelio no está para ser objeto de largas especulaciones teóricas, sino para ponerlo a prueba en la vida misma, en el terreno de las realidades.

Lo fundamental cristiano desencadena un proceso irreversible, una vez que se han aceptado los principios y criterios que el Movimiento de Cursillos persigue y suele conseguir, cuando está bien orientado. Nada puede seguir como estaba, porque a todos los rincones llega el impacto renovador de su densidad evangélica.

 

EDUARDO BONNIN AGUILÓ. REFLEXIONES II EN BUSCA DE UNO MISMO