Corría el año 1982 -guerra de Malvinas, momentos muy dolorosos para nuestro País- cuando una tarde de verano
nos visitó nuestro querido primo y padrino Charly de Cano, invitándonos a un Cursillo, que él lo llamaba de Cristiandad.
Nosotros, Ricardo y yo, no sabíamos de qué se trataba, pero viniendo de él, lo escuchamos muy atentamente.
Nos dijo que íbamos a vivir cuatro días hermosos y que todo estaba previsto.Yo dije que sí rápidamente, porque pensé:
¡vamos a pasar unos días de vacaciones hermosos! Pero no fue así…
Nos explicó que primero iban los esposos y después nosotras. Ricardo no estaba muy convencido, pero por supuesto no tardó mucho en decidirse y decirle que Sí, al mayor pescador de hombres y de Almas que he conocido. Llego el día jueves ¡y no lo ví más! Hasta el domingo muy muy tarde…
Entonces me dije ¿a mí me pasará lo mismo?, pensé y esperé… y resulta, que cuando ya me quedaba muy poco tiempo para ir, nos enteramos que estaba embarazada de nuestro primer hijo, Lole Pereira Duarte, estas cosas de Dios ¿no? ¡Porque hacia mucho tiempo que lo estábamos esperando!, un maravilloso Milagro.
Pasaron casi tres años, no lo podía dejar…¡era tan chiquito! Cuando recién pude ir a Gandara, ¡fue Maravilloso! Un
lugar de ensueño, de paz, tranquilidad y mucho tiempo para mirarnos para adentro, y descubrir nuestra pequeñez, nuestras miserias…y mirar al otro con los ojos de Cristo, ¡qué difícil! ¿no? Yo que soy Tomás, y que siempre me costó tanto vivir mi cuarto día, con los años me fui dando cuenta, que muchas veces no es necesario tocar las llagas de Jesús para saber que siempre esta con nosotros. Y les voy a contar por qué:
El día sábado de ese mes de mayo de 1985, los fantasmitas estaban por servir la cena, y se dieron cuenta que ya casi no había pan para las tostadas de la mañana, ¡terrible! dijo el Ecónomo y ni les cuento el Cocinero… Piensen…sábado a la noche, invierno a 10 km del pueblo, ¡Imposible conseguirlo! ¿Qué hacemos? dijo mi querida Rectora Susana Justo, a quien le debo ¡tanto! (diría Susi: a mí no me debes nada, todo se lo debemos al Señor… y sí, es así). Entonces de repente, suena la campana de la puerta de entrada del Convento y cuando atienden, ven a un niño como de 10 años ofreciéndonos una bolsa de Pan. Salieron todos corriendo y diciendo ¡es un milagro! Cuando volvieron para pagarle, el niño había desaparecido, dejando en la puerta, la enorme bolsa de pan. Lo buscaron desesperados en la oscuridad de la noche pero nunca apareció. Sí, ¡mi Cursillo fue el Bendecido por ese gran Milagro de la bolsa de Pan!
Por eso, y recorriendo mi vida en estos tantos años, con momentos lindos y de los otros también, tengo que agradecer al Señor por haber sido tan bendecida por la familia que tuve y que tengo, por los hijos y nietos maravillosos, y por la persona que me acompaña desde hace ya varios años, ¡y que me cuida como un angelito más! El Negrito Bernal, como todos lo conocen.
También les quiero contar que mi reunión de grupo fue maravillosa. Éramos cinco, nos reuníamos los días sábados, y entre pañales, mamaderas, coches y chupetes hacíamos el cupo. Era un despelote… pero maravilloso a la vez. Nos divertíamos mucho…¡éramos felices! Pasaron los años, los hijos crecieron y las obligaciones del hogar, el trabajo, la vida misma, hicieron que tuviéramos que hacer la reunión dos veces al mes, después una vez y cuando no podíamos vernos nos hablábamos por teléfono,. ¡Pero siempre las llevo en mi Corazón y en mi mente!.
En este resumen, les dejo un pequeño testimonio de lo que fue mi paso por el Cursillo ¡hace tantos años! Pero que
lo guardo siempre en mi Corazón y en mi Alma.
Los abrazo a todos, y les cuento que mi Cuarto día sigue siendo Maravilloso y de muchos COLORES!!!! Con la paleta de matices que ustedes. ya saben….
Dorita Pianta, cursillo 35.
