Padre Ernesto Izurieta (por Juan Di Lorenzo)

Que difícil poder expresar en palabras y brevemente la vida ministerial de un sacerdote y menos aún cuando hablamos de una personalidad tan rica como la del Padre Ernesto.

Tuve la Gracia compartir con él los Cursillos de Cristiandad de hombres Nros. 58 y 73, allá por los años 1994 y 1999 respectivamente.

Allí descubrí a un sacerdote ejemplar, con los pies firmes en las Tierra y el corazón en el cielo, era algo que no pasaba desapercibido para quienes los tratábamos, con su mirada aguda, su paso firme y con palabras siempre justas y medidas que no dejaban dudas en cada una de sus intervenciones.

Tuvo mucha influencia en la Escuela de Dirigentes de nuestro Movimiento. Tenía desde mucho tiempo un lugar reservado, en un banco de madera, apoyado en un muro de espaldas a la calle: en la medida de lo posible éramos muchos los pugnábamos para estar cerca del Padre Ernesto, que con sus palabras y gestos característicos centraba en el Evangelio nuestros diferentes puntos de vista.

Fue un eximio confesor y director espiritual, solicitado y buscado por los fieles, como un «especialista» de la vida de la fe.

Demos gracias a Dios por la vida de este hermano nuestro, que se brindó sin retaceos a servir en nuestro Movimiento, participando activamente como Director Espiritual en Secretariado, Cursillos y Ultreyas.

Sin dudas el Padre Ernesto era un hombre de Dios, Fidelidad, Servicio y Rectitud, tres palabras que sintetizan bien el ministerio de un sacerdote ejemplar. Su recuerdo perdura en la memoria de todos los que tuvimos oportunidad de compartir momentos con él.

Gracias, P. Ernesto, por tu legado. Gracias Señor, por la paternidad que nos regalaste en él.

Juan J. Di Lorenzo (C.C.H. 42)